El regreso del corsé a las pasarelas signo de su naturaleza cíclica

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Aunque un producto de moda puede tener diferentes ciclos de vida, cortos o largos, lo que está claro es que el fenómeno de la moda a lo largo del tiempo sigue una cierta periodicidad. Antiguamente los ciclos de vida eran muy largos, la gente se vestía para cubrir sus necesidades primarias. Un tipo de vestir o de atuendo podía durar siglos, fue con la aparición del concepto de moda debido la aparición de la burguesía a finales de la Edad Media, principios del Renacimiento, cuando este nuevo sector de la sociedad persigue emular la vestimenta de la clase social alta, y es entonces cuando la aristocracia se siente “copiada” y cambia sus prendas por otras con diseños nuevos de líneas distintas, surgiendo así y en este preciso momento el ciclo de la moda. Las prendas llegarán a tener cada vez más un ciclo más corto y aparecerán las prendas de temporada. La Revolución Industrial y la elaboración de nuevos tejidos también fue crucial a lo hora de acortar los ciclos de las prendas.

El corsé, prenda del vestuario femenino, utilizada para estilizar y moldear la figura de la mujer de una forma deseada ya sea por razones estéticas o médicas y que tradicionalmente debía ser realizado a medida, para una única persona, es un claro ejemplo de periodicidad.

Los inicios del corsé se remontan a las civilizaciones antiguas de Micenas y Creta, aunque en Occidente aparece en el siglo XVI, al popularizarse su uso en la corte de los Medici, por Catalina de Médici, que impuso en 1550 su uso para ajustarse a los cánones de belleza de aquellos tiempos, en que las damas de la nobleza y la aristocracia buscaban tener, con esos rígidos corsés hechos de metal, un torso cónico, rígido y estilizado.

Durante el siglo XVII y a lo largo del XVIII, en las Cortes europeas y en plena ostentación barroca, se estrecha aún más la cintura, alzando el busto con unos corsés que innovan en el producto haciéndose rígidos mediante una serie de ballenas de metal, madera, o hueso, que se cosían dentro de las piezas de tela. En este momento, su uso se populariza entre la burguesía, ciñéndose al ideal estético de la época. El fanatismo es tal que las niñas de las familias más adineradas comenzaban a usar el corsé, que las acompañarían todos los días y hasta el final de su vida.

A medida que avanza el siglo XVII el corsé conoce su ciclo de madurez, añade más ornamentación y los tejidos, dependiendo del estatus social, serán aderezados con cintas y encajes.

El corsé sufrirá una fase de decadencia, por el desuso después de la Revolución Francesa al considerarse una opresión para la mujer. Calificado por Napoleón Bonaparte, como “El asesino de la raza humana”, se creían responsables de abortos naturales. Aún así en 1820 resurgirá en una nueva fase de crecimiento y volverá a usarse de forma común.

Llegamos al siglo XIX, en plena Revolución Industrial, dejará de ser una prenda exclusiva de las clases altas y llegará a su fase de máxima popularidad, volviéndose más accesible, llegando a ser de culto popular hasta mediados de siglo, que es cuando alcanza su máximo apogeo. Se adorna ricamente, con bordados, pedrería, encajes y unas formas muy trabajadas.

A caballo entre el siglo XIX y XX aparecerá de nuevo de la mano de una fuerte corriente que viene de París, la Belle Epoque, donde el corsé y la feminidad se ensalzan y se vuelven extremadamente teatrales. Popularizada en los cabarets las mujeres se enfundarán en la famosa figura en forma de “S” luciendo el “Pecho de pichón”.

Aunque si hablamos de liberización del corsé quizás deberíamos remontarnos a las Prerafaelitas o a las Arts and Craft, es con Coco Chanel, con la presentación de su primera colección de ropa en Francia en 1916, y donde una serie de prendas hablaban de la liberalización de la mujer, y que consiguen desenfundar de forma definitiva a la mujer de la tiranía de el corsé, poniendo así fin a su largo ciclo de vida.

Llegamos a 1947, cuando tras la Segunda Guerra Mundial, el modista Christian Dior populariza una nueva silueta, el New Look, en la que la cintura se afina de nuevo y la falda vuelve a ser de vuelo muy amplio. Aunque el uso del corsé como tal no vuelve, si que se utilizarán fajas para conseguir la “cintura de avispa” tan popularizada con el New Look. El nuevo estilo que proponía una imagen retro, retomaba la elegancia y la opulencia del siglo XVIII y la Belle Époque, esculpiendo las formas del cuerpo en detrimento de la comodidad.

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Al diseñador Jean-Paul Gaultier, que debutó en 1976 le encantaba la parodia y la teatralidad y de este modo, en los años ochenta reinterpreta el corsé que hasta entonces había sido una prenda de lencería, transformándola en una prenda femenina de uso exterior. Quedando de este modo en el olvido las connotaciones negativas del pasado. La transformación de ropa interior en prendas de uso exterior es uno de los principales fenómenos de finales del siglo XX, con origen en el movimiento “Conciencia del cuerpo” de los años ochenta, el corsé así como las prendas de interior que se reinterpretan como prendas exteriores, destacaban la belleza de un cuerpo en forma y lleno de salud.

En 2015, de la mano de Vanity Fair, el corsé vuelve a ser protagonista, en una portada que dará la vuelta al mundo por su importante mensaje cultural y también por ser la primera impresión que el mundo tendría de Caitlyn como mujer. Bruce, el padrastro de las Kardashian, y padre de Kendall Jenner, convertido ahora en Caitlyn Jenner, protagoniza tan polémica portada, prendiendo la mecha del debate sobre la aceptación de la transexualidad en las redes sociales. El blanco corsé que bajo el titular “llámame Caitlyn”  luce en la portada, lanza otro mensaje: qué tipo de mujer quiere ser, volviendo a simbolizar la feminidad.

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El corsé se ha reinventado con el paso de los años, y su legado está presente en la moda del siglo XXI, utilizándose como lencería íntima o como vestido. Actualmente se elaboran con materiales bastante cómodos y elásticos, evitando así cualquier tipo de molestia. El corsé sigue siendo una prenda sensual y femenina que realza la figura de la mujer.

Actualmente son varias las estéticas en las que el corsé constituye una pieza fundamental y básica, tales como la estética Gótica o la Pin-up. Estando también muy presente tanto en el cine como en la televisión, en la moda y la sociedad. Numerosos diseñadores revisan y reinterpretan tan codiciada pieza.

Vivienne Westwood fue la encargada, en 1985, de traerlo de vuelta a la moda, Westwood se inspiró en el siglo XVIII y en el pecho subido hasta la clavícula.

Las grandes firmas como Dolce Gabbana, Azzedine Alaïa, Christian Dior, Ungaro, Thierry Mugler, Karl Lagerfeld, Chantal Tomass, Christian Lacroix, Alexander McQueen o Versace, son solo algunos nombres dentro de la larga lista de firmas que en las últimas décadas han revisitado esta prenda interior dentro de su universo.

Para Jean Paul Gaultier, responsable de los outfits más extravagantes de Madonna, el corsé es ya un clásico en sus colecciones. La misma Madonna proclama: “El corsé es opresivo solo cuando se lleva por obligación”.

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Para el diseñador Lorenzo Caprile: “el corsé es la esencia de la feminidad”. ¿Qué opinaría Napoleón sobre esta afirmación…?.

Jonathan Anderson en Loewe rescata el cuero y el metal para integrarlos en una colección que incluye corsetería avant-garde innovando en la forma de combinarlo, con la simplicidad de una camiseta, Anderson evoca corsés como prendas joya (otra innovación de producto) trabajándolos en piel conectando así con la tradición de la marca.

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Las grandes casas de moda como Loewe o Prada lo han adoptado en su pasada temporada de otoño, con Gigi Hadid a la bandera con un modelo firmado por Rubin Singer y que conseguirá convertirlo en tiempo récord en obsesión planetaria a golpe de instagram, una de las mejores plataformas de publicidad y gran herramienta del marketing actual. Todo ello impulsará de nuevo el gusto por el corsé. También el minivestido de inspiración corsetera de Balmain se erige como el “hit de la temporada”. De nuevo el corsé se relanza, lo hemos visto en alta costura, en el pret-â-porter, y ahora también llega al mass market.

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A esta nueva oleada amante de la silueta reloj de arena, conocida como “waist training” o uso del corsé, se suman celebrities com Kim Kardashian o Rihanna, que prefiere la versión en cinturón de Chanel y que ya han emulado las grandes cadenas mass market como Zara o Mango aprovechando la fase de crecimiento e introduciéndolo en sus colecciones para la nueva temporada.

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La última corriente homewear hace que llevarlo a la luz del día sea posible convirtiéndose en un producto nuevo. Y como última novedad, se rediseña el corsé con los cordones o cierres metálicos son un plus y los tonos neutros siempre aseguran historia.

La evolución de la sociedad y de las modas ha cambiado, el corsé se ha reinventado con el paso de los años, reconfigurándose nuevos parámetros y disciplinas, o incluso reposicionándolo en nuevos mercados al introducirlo en la vestimenta exterior. A día de hoy, el legado del corsé está presente en la moda del siglo XXI, utilizándose como accesorio interior (lencería íntima) o como vestido. El producto se ha mejorado y rediseñado gracias a los nuevos materiales con los que se elaboran, siendo bastante cómodos y elásticos, sin causar dolor en quienes lo llevan.

Que el corsé regrese una y otra vez a la moda es un síntoma de su naturaleza cíclica. Hoy se reinterpreta, descodifica, desestructura, adapta o incluso se rechaza, poniéndolo de nuevo en el punto de mira encendiendo todo tipo de debates. Veremos cuánto tarda en llegar su fase de declive, o si por el contrario logra mantenerse como ciclo clásico.

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El corsé se erige como la prenda femenina más reinventada, rediseñada y mejorada de la historia. No conoce de estacionalidad, modas ni manías, llegando incluso a ser hoy en día una prenda multiocasional, no conoce de ocasión, pudiéndola lucir tanto por dentro como por fuera, en un momento sportwear, de etiqueta o homewear. Tampoco conoce de materia prima, tanto puede estar confeccionado en piel, como en raso, punto o multitejido. Es un producto en el que se ha conseguido innovar a lo largo de su historia e incluso en la actualidad, cualidad realmente difícil en el mercado de la moda. Innovando como hemos visto tanto en el precio, la marca, la distribución y el servicio como en la comunicación. Demostrando que es una prenda atemporal, diría que con un ciclo de vida infinito aunque con periodos de altibajos en su popularidad y que se ha ganado a pulso la denominación de prenda clásica, y aunque la moda se encargue de ponerla “de moda” nunca podrá pronosticar su fin.

 

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