En casa del herrero…

ILUSTRACIO RANA

El día de mi boda, uno de los más importantes de mi vida, en el que todo debía ser perfecto, hasta el último detalle, no llegué a diseñar mis propias invitaciones.

¡He realizado un montón de ellas! pero no para mí. Si ahora tuviera que diseñarlas, seguramente serían así, uno de mis diseños preferidos y que muy bien podría tratarse del boceto de mi vestido, boceto que tristemente no conservo.

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Mi primera vez para todo

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Llevaba años recopilando, guardando con recelo cientos de recortes cual síndrome de diógenes. ¿Qué era lo que guardaba con tanto mimo en una caja de cartón, que en una ocasión envolvió alguna prenda adquirida en una tienda de firma?.

De pequeña soñaba con vestirme como una princesa, seguramente herencia de mi generación, en la que todas las historias eran bonitas, los logros se conseguían por uno mismo y disney se encargaba del resto… poco a poco ese precioso vestido tan anhelado de princesa, cambió de forma, de contexto, incluso de ilusión, hasta convertirse en un precioso vestido de novia. Incluso antes de conocer príncipe, yo ya buscaba y buscaba, tomaba apuntes y guardaba recortes de todo lo que a mi me inspiraba. Llegué a tener una extensa colección de imágenes, texturas, a cual más bonita y de ensueño. Mi vestido iba tomando forma poco a poco en mi cabecita… ¡sólo faltaba el príncipe!, pero yo ya estaba preparada.

Con los años apareció mi príncipe Disney y mi primer diseño de moda estaba a punto de tomar forma. Rescaté mi cajita y empecé a buscar, pensar y bocetar.

Después de un exhaustivo examen por parte de mi madre, con la que comentamos diferentes detalles, llevé mi boceto a un modisto de novias excepcional situado en la Diagonal de Barcelona. Él fue el artífice del maravilloso vestido de novia. Interpretó a la maravilla mi vestido a la vez que le aportó maravillosos detalles.

Este fue el maravilloso resultado de mi primer diseño y primera vez para todo lo que aquel día sucedió.